
*Doctor en Educación
Correo electrónico: mig31peru@yahoo.es
Filosofía de la comunicación: Su importancia vital en el ámbito militar
Citar como:
Espinoza Soria, M. A. (2024). Filosofía de la comunicación: Su importancia vital en el ámbito
militar. Revista Científica de la Escuela Superior de Guerra del Ejército, 3(1), 17-34. https://
doi.org/10.60029/rcesge.v2i2art2
Espinoza Soria, Miguel Ángel*
https://orcid.org/0009-0006-7327-3028
Universidad Marcelino Champagnat, Lima, Perú
Enviado: 25 de Febrero2024 Evaluado: 30 de Marzo 2024 Aprobado: 15 de Abril 2024
ISSN: 2520 - 7628 (Impreso), 2789-2514 (En línea)
https://doi.org/10.60029/rcesge
Revista Científica de la Escuela
Superior de Guerra del Ejército
Volumen III, Número I, Junio 2024
Resumen
La frase "diálogo de sordos" implica una absurda contradicción, sugiriendo que aquellos que
dialogan no se escuchan entre sí o se preocupan poco por la propuesta de su interlocutor,
prefiriendo aferrarse a su propio discurso. El diálogo presupone un componente lógico,
inteligente y racional en cada actor del acto de comunicación. En Perú, durante 200 años de
independencia, no hemos aprendido a escuchar, dialogar y comunicarnos, lo que ha llevado a
oportunidades perdidas. Otros países han explotado esta debilidad para sus intereses
económicos y geopolíticos. Hoy, el personal civil y militar debe hacer el máximo esfuerzo para
establecer una comunicación adecuada para un intercambio eficiente de razones,
permitiéndonos avanzar como una sola nación hacia el progreso y el desarrollo integral.
Debemos aprovechar las oportunidades geoestratégicas para desarrollar capacidades
tecnológicas, industriales, empresariales y comerciales, asegurando la seguridad nacional y un
clima de estabilidad jurídica, política y económica para el desarrollo sostenible.
Palabras clave: Filosofía de la comunicación, Comunicación y transporte, Nueva carretera
central, Tren bioceánico y vías férreas, Guerra cibernética.

Espinoza Soria, Miguel Ángel*
https://orcid.org/0009-0006-7327-3028
Universidad Marcelino Champagnat, Lima, Perú
Philosophy of Communication: Its vital importance in the Military Field
*Doctor in Education
Email: mig31peru@yahoo.es
Sent: February 25, 2024 Evaluated: March 30, 2024 Approved: April 15, 2024
ISSN: 2520 - 7628 (Impreso), 2789-2514 (En línea)
https://doi.org/10.60029/rcesge
Revista Científica de la Escuela
Superior de Guerra del Ejército
Volumen III, Número I, Junio 2024
Cite as:
Espinoza Soria, M. A. (2024). Filosofía de la comunicación: Su importancia vital en el ámbito
militar. Revista Científica de la Escuela Superior de Guerra del Ejército, 3(1), 17-34. https://
doi.org/10.60029/rcesge.v2i2art2
Abstract
The phrase "dialogue of the deaf" implies an absurd contradiction, suggesting that those who
dialogue do not listen to each other or care little about their interlocutor's proposal, preferring
to stick to their own discourse. Dialogue presupposes a logical, intelligent, rational component
in each actor of the communication act. In Peru, during 200 years of independence, we have
not learned to listen, dialogue, and communicate, leading to missed opportunities. Other
countries have exploited this weakness for their economic and geopolitical interests. Today,
civil and military personnel must make the utmost effort to establish proper communication for
an efficient exchange of reasons, enabling us to advance as one nation towards progress and
integral development. As a society with a rich historical legacy, we must seize geostrategic
opportunities to develop technological, industrial, business, and commercial capacities,
ensuring national security and a climate of legal, political, and economic stability for
sustainable development.
Keywords: Philosophy of communication, Communication and transportation, New central
highway, Bioceanic train and railways, Cyberwar.

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Volumen III / Número I / Junio 2024 / Lima-Perú
Introducción
En el campo de la comunicación y el transporte para el Perú, dos noticias actualmente
circulan y rebotan en las redes sociales, causando el optimismo para la gran mayoría de la población
peruana y las empresas nacionales, pero en sentido contrario produce inquietud y temor en círculos
empresariales, económicos y militares de algún país que ve en todo este proceso una progresiva
amenaza para sus particulares intereses geopolíticos y geoestratégicos. La primera noticia está
relacionada con el proyecto de la Nueva Carretera Central, con una inversión superior a los 24 000
millones de soles que, en un alarde periodístico innecesario, denominan como “la obra más grande
de la historia del Perú” o como “la super autopista de montaña del Perú” que conectará Lima
Metropolitana con seis regiones: Huánuco, Pasco, Junín, Ucayali, Huancavelica y Lima. De
acuerdo con las informaciones periodísticas, se trata de una obra que empezará a ser construida al
finalizar el año 2024 por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones con asesoría del Gobierno
francés, asociado a empresas italianas y españolas (Diario El Peruano, 2024).
La segunda noticia: El gran Proyecto del Tren Bioceánico que conectará Perú, Bolivia,
Paraguay, Argentina y Brasil, cuya construcción aún no tiene fecha de inicio, pero que debe integrar
todos los centros industriales, empresariales y comerciales de estos países con el Megapuerto de
Chancay, obra que se inaugurará en noviembre del 2024 (Diario Gestión, 2024). En suma, es otro
proyecto ferroviario, que también es motivo de mezquina preocupación para algún país que se
siente amenazado y desplazado por el crecimiento económico y comercial de los demás. Su inicio
es el puerto de Bayóvar (Perú), pero apunta a realizar la conectividad con Bolivia y Brasil (Mundo
Marítimo, 2011).
Aparte de estos dos datos periodísticos, en el Perú, no se anuncia nada más en el campo
del desarrollo de las comunicaciones y el transporte. Observando el Mapa Vial del Perú que ofrece
el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), elaborado por la Oficina de Estadística, el
15 de diciembre del 2007 (D.S. N.° 034-2007-MTC), y comparado con cada uno de los 25 mapas
viales departamentales del SINAC (Sistema Nacional de Carreteras) del 2023 (D.S. N.°
011-2016-MTC), se puede comprobar que, en el transcurso de 16 años, no existieron sustanciales
avances en la construcción real y concreta de carreteras o vías férreas. La razón es que, en la
mayoría de las regiones, se muestra la misma proyección de la vía nacional o la misma proyección
de la vía departamental, con líneas punteadas en rojo o en azul. De igual manera, en el transcurso
de 160 años, se puede comprobar con vergüenza, que nunca se planificó construir una gran carretera
que uniera Iquitos, ciudad fundada el 5 de enero de 1864, por Ley N.° 14702, a la red vial nacional
del Perú. Tampoco la Carretera Marginal de la Selva, el gran proyecto de comunicación vial del
presidente, arquitecto Fernando Belaúnde Terry (1963-1968; 1980-1985), incluía a Iquitos en el
diseño inicial o en el trazado final de esta importantísima red vial para la integración nacional y
continental (Vásquez Prada, 2023).
Aún hoy, los proyectos de la construcción de la necesaria y urgente carretera de Iquitos a
Saramiriza o de cualquier otro proyecto de carreteras que integre de manera necesaria y urgente a
toda nuestra Amazonía, encuentra férreos opositores en todos los movimientos y grupos
ambientalistas de la zona. Estos, al parecer, prefieren el aislamiento geográfico, el atraso educativo,
cultural, social, económico y político de estas poblaciones, cuando argumentan que desean
conservar y defender, de manera legal y legítima, con abundantes pruebas a favor y en contra, a los
pobladores nativos y a las extensísimas áreas del bosque amazónico de la irracional deforestación,
del cultivo ilegal de coca asociada al narcotráfico, de la tala ilegal y de la explotación minera,
gasífera y petrolera que causarían la temida contaminación ambiental del planeta (Honorio
Coronado et al., 2020; Maffei & Cossios, 2021; Legaspi, 2022). Sin embargo, un buen mapa del

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Perú, con la división al detalle y a escala real, de los departamentos, con cada uno de sus provincias
y sus distritos, permite comprobar con total precisión que la lejanía, el aislamiento, la
incomunicación y la falta de redes viales o vías férreas, en inmensas zonas de nuestro país, están
muy unidas al atraso, a la ignorancia, a la miseria, al olvido y al abandono total de nuestros
compatriotas más pobres, marginados y necesitados (Instituto Nacional de Estadística e
Informática, 2023).
Teniendo el gravísimo déficit de carreteras, ferrocarriles, vías nacionales, túneles y
puentes, desde hace cerca de dos décadas ¿cómo esperamos que muchas poblaciones del Perú, se
comuniquen con el resto del país para conectarse y articular plenamente al territorio patrio?
Además, ¿cómo esperamos superar el aislamiento de 1 100 000 habitantes del departamento de
Loreto, por ejemplo, sin carreteras que los unan al resto del país?, ¿cómo pueden tener acceso,
poblaciones aisladas de los Andes, a mejores condiciones de vida atendiendo las necesidades más
urgentes de salud, educación y trabajo?, ¿cómo puede estar realmente presente el Estado, con todas
sus instituciones y autoridades, para dar un servicio eficiente a las comunidades más alejadas en
nuestro país, como es el caso de las poblaciones de toda nuestra Amazonía?, ¿cómo esperamos que
las instituciones tutelares del Estado, Fuerzas Armadas y policiales, cumplan sus funciones en la
defensa nacional, como prescribe la Constitución Política del Perú (Artículos 165, 166, 168, 170,
171) y sirvan en la integración de las poblaciones más alejadas del territorio patrio, sobre todo en
las zonas amenazadas por la minería ilegal, el contrabando y el narcoterrorismo; lo que es más
grave: ¿Cómo esperamos que la identidad de nuestra población se reconozca, se valore, se integre
y se consolide a la comunidad nacional, si tenemos en el sector educativo, en todo país, un desfase
abismal en las últimas tecnologías para la adecuada formación, información y comunicación?
Finalmente, ¿cómo pretendemos defendernos de las amenazas internas que pretenden dividirnos y
de las amenazas externas que pretenden dominarnos si no estamos unidos, identificados, integrados
y comunicados plenamente?
1.- Definición de conceptos
El politólogo estadounidense y ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa
Blanca, Samuel P. Huntington (1997/2018), en su conocida obra Choque de civilizaciones y la
configuración del orden mundial, con lenguaje actualizado y muchos argumentos renovados, repite
la vieja tesis geopolítica determinista de la confrontación inevitable, entre dos bloques y sus
satélites, propuesta por su mentor ideológico británico Sir Halford J. Mackinder (1904), en The
Geographical Pivot of History. Mackinder, al igual que Huntington, plantea, defiende y promueve
la tesis del dominio total y absoluto de un único bloque, el bloque occidental, frente al otro bloque
que debe ser combatido y sometido por todos los medios, para acabar y limitar todas las amenazas
presentes y futuras contra el nuevo orden mundial y el único control hegemónico del mundo,
impuesto y liderado, o por los Estados Unidos de América según Huntington, o por el Reino Unido
según Mackinder. El otro bloque es cualquier país o grupo de países que amenacen los intereses
económicos, políticos y militares de ambas naciones.
Esta posición, abiertamente confrontacional, es suavizada de alguna manera por
Huntington, quien al final de su libro hace un llamado retórico, a los líderes políticos e intelectuales
de las principales civilizaciones, para unirse y trabajar juntos por un futuro de paz, comprensión y
cooperación mundial. Es rescatable que los dos autores reconozcan el inmenso poder de las
comunicaciones y su influencia fundamental en el liderazgo para el desarrollo económico, aunque
circunscriban este poder a sus propios países. Huntington afirma que, en las civilizaciones
desarrolladas, los múltiples avances de los sistemas integrados del transporte y de la comunicación
serán capaces de crear interacciones más frecuentes, intensas, simétricas e inclusivas entre todos los

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integrantes de las diferentes civilizaciones, para definir y preservar la identidad de sus integrantes,
como aquel núcleo duro de una civilización concreta y determinada que debe preservarse,
produciendo consecuencias gravitantes en la vida diaria y en la identificación histórica, cultural,
religiosa, social, política y económica de quienes pertenezcan a estas poderosas civilizaciones
dominantes (Huntington, 1997/2018, pp. 152-153).
Si lo afirmado por Huntington constituye el sentido positivo de este análisis, y es
aceptado como verdadero, entonces podemos colegir en sentido negativo y sacar las consecuencias
para nuestro país. En el Perú, la penosa y comprobada falta de vías adecuadas para el transporte y
la obsolescencia de las redes de comunicación, tendrá las consecuencias que siguen: (a) impedirán
la construcción de una identidad nacional, (b) entorpecerán la educación integral y la cultura
común, (c) limitarán la genuina identificación con los valores patrios, (d) paralizarán el desarrollo
económico, (e) imposibilitarán la integración plena de todos los compatriotas en la comunidad
nacional, (f) socavarán los pilares de la seguridad nacional y (g) facilitarán el ataque a las
instituciones tutelares del Estado. Desde el interior, generarán nuevas formas de conflicto y división
del organismo social de la nación, promoviendo el descontento, el desorden y las manifestaciones
violentas. Desde el exterior, propiciarán el rápido dominio del país por fuerzas antidemocráticas,
intereses monopólicos y poderes hegemónicos. Nuestros militares saben de la importancia de una
efectiva comunicación entre todos los estamentos de la sociedad peruana en el escenario de este
tercer milenio. Prueba de ello es el extenso, detallado y profundo análisis de la realidad del Perú
realizada por un representante de los combatientes y Héroes del Cenepa, General de División, EP
(R), Roberto Chiabra León. Es necesaria una lectura obligatoria a su obra Claves para entender la
Seguridad Nacional en el Siglo XXI (2012) si deseamos tener un cabal conocimiento de la realidad
de nuestro país en prospectiva estratégica.
El Perú, al no contar con las suficientes redes de comunicación y las vías necesarias de
transporte, se parece a un cuerpo humano que carece de conveniente irrigación sanguínea o a un
terreno de cultivo sin los canales apropiados para el acceso y distribución del agua. En este
escenario, surge interrogantes inevitables: ¿El Estado peruano y los gobernantes de turno tienen un
real conocimiento del rol fundamental de la comunicación y el transporte para la existencia de la
Nación y de la defensa de sus sagrados interés? ¿Existe en el Perú un Plan Nacional de Desarrollo
de las Comunicaciones y el Transporte? Y si la respuesta es afirmativa: ¿Qué acciones concretas
han realizado para mejorar las redes de comunicación y las vías de transporte del Perú en estos
últimos 25 años (2000-2024)?
Desde el ámbito militar, la comunicación puede definirse como aquellos elementos que
hacen posible el intercambio eficaz de información entre los miembros de un ejército, elementos
que generalmente son diseñados para impedir la intervención o interceptación por parte del
enemigo (Espitia Cubillos et al., 2020). Desde la perspectiva de la inteligencia, la comunicación
fluida y la retroalimentación entre los productores y consumidores de contenidos de información
clasificada es una fase del ciclo mediante la cual las organizaciones de inteligencia ponen en
conocimiento el resultado de sus análisis, juicios y estimaciones, con la finalidad de ajustar, mejorar
y adecuar dichos productos o contenidos para la adecuada y oportuna toma de decisiones de los
gobernantes (Ortolá Bosca, 2016). Desde un contexto filosófico, la comunicación define aquel
proceso de intercambio de información entre personas que siguen una planificación previa y
consensuada, utilizan canales de transmisión, códigos compartidos de signos, reglas únicas de
interpretación, con la finalidad de influirse, comprenderse y lograr los mismos objetivos comunes
(Teruel Díaz, 2014).
Como la comunicación siempre está unida a la calidad y al estilo de la relación interperso-
nal, son las personas, como inteligencias sentientes, quienes buscan establecer una comunicación

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respetuosa, clara, directa, veraz, apropiada y oportuna. Así, las relaciones interpersonales se
nutrirán y consolidarán con la puesta en práctica de estos valores y virtudes, porque en la comunica-
ción no solo se transmiten datos, ideas, pensamientos o información pura y dura, sino también
emociones y sentimientos, estableciéndose relaciones de calidad y con calidez o cordialidad huma-
nas, veraces y duraderas, que favorecerán, consolidarán y profundizarán la identidad, la identifica-
ción y la integración entre todos los actores de la comunicación. Este múltiple logro se conoce
como comunicación estratégica eficaz y eficiente, efectiva y afectiva (Teruel Díaz, 2014, p.
366-371).
Por lo tanto, la comunicación estratégica es un proceso trasmisor, no solo de datos exactos
y precisos o de informaciones importantes, sino también de aquellos elementos más profundos
presentes en toda comunicación humana, como son los sentimientos y los pensamientos, con la
finalidad de persuadir en las ideas, en los afectos y en las acciones del receptor. Cuando un emisor
comunica y da información, siempre intenta influir o cambiar la opinión del receptor. En la
comunicación estratégica el emisor usa los procedimientos necesarios, envolviendo la información
en una capa de intencionalidad, para influir efectivamente y producir una reacción específica en la
mente del receptor. El emisor siempre debe asegurar la respuesta confirmatoria, retroalimentación
o feedback por parte del receptor; con ello, se garantiza el cierre del circuito, se logra la
comunicación correcta y se verifica la producción de la acción o de la reacción deseada en el
receptor o receptores (Cambría, 2016, p. 477).
2.- Visión histórica comparativa de la comunicación
En esta parte histórica, por razones de tiempo y espacio, solo abarcaré tres grandes
culturas universales. La primera es la magnífica civilización griega (Siglos IX - V A.C.), que nos
comunicó lo mejor de su producción cultural, la que permanece viva entre nosotros en todos los
sistemas clásicos del conocimiento, como el conjunto de las ciencias matemáticas, el pensamiento
filosófico, los fundamentos del derecho, los principios de la ética y la moral, la organización
política, la democracia incipiente, la estructura militar y el ideal de la perfección física aplicado en
el cultivo de todas las artes. Atenas y Esparta fueron los modelos originales para los ejércitos de
occidente, en la defensa de sus territorios y en la conquista de otros nuevos, por la organización de
sus milicias, la estricta selección de sus miembros, el desarrollo de sus armas, la disciplina
castrense, el despliegue de sus soldados y la capacidad intelectual de sus líderes, destrezas militares
mostradas en la utilización de la inteligencia, el espionaje y la comunicación, en la planificación de
las estrategias, en la administración de la logística, en la hábil aplicación de tácticas, en el veloz
despliegue de las operaciones y en el desarrollo del combate (Pryor & Forero, 2016; Díaz Sánchez,
2018).
Sin embargo, los griegos también nos enseñaron que cuando se hacen presentes los
problemas de las relaciones complicadas entre los estamentos civiles y militares, la deficiente
comunicación entre los comandantes y sus soldados, la baja en la moral entre las tropas, entonces
se debilita la cohesión de los soldados, se destruye la unidad con los ciudadanos civiles y se rompe
la sincronía del despliegue de las tropas durante la guerra, con las terribles consecuencias de tener
que enfrentar a la muerte por estos errores. En relación con lo expuesto, la prueba real y concreta
de la aplicación adecuada de estos principios fue la batalla de Maratón (490 a. C.), en donde los
militares y los ciudadanos atenienses, hombres libres y patriotas, conformando el ejército de los
ágiles y veloces soldados hoplitas, mucho mejor organizados aunque menos numerosos (11 000
hombres comandados por Milcíades), vencieron tras difícil combate al triple de soldados del
ejército persa (30 000 hombres comandados por Datis), conformado en su gran mayoría por huestes
de soldados mercenarios, sin bandera reconocida, mostrándose como un ejército grande, lento y
pesado, sin unidad de comando y sin un adecuado sistema de comunicación (Pryor & Forero, 2016).

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La segunda es la extraordinaria civilización romana (Siglos VIII A.C. - VI D.C.), que está
presente entre nosotros en el origen latino-romance de nuestro idioma castellano, en la codificación
del derecho, en la legislación que atribuye iguales derechos y deberes a todo ciudadano romano, en
la administración pública que muestra el equilibrio del poder entre las atribuciones del gobernante
y del senado; pero, sobre todo, en el decisivo ámbito militar, en la imagen del poderoso ejército
romano conformado por los legionarios. Esos disciplinados soldados romanos no solo ampliaron
las fronteras del imperio con el filo de sus espadas, sino que también construyeron con sus propias
manos todas las fortalezas, puestos de vigilancia, puentes, murallas, acueductos, termas, diques,
puertos, calzadas, vías, carreteras y caminos que conectaban, unían y comunicaban las poblaciones
y los territorios de este vastísimo imperio que abarcaba casi toda Europa (Fernández Rojo, 2019).
Esta formidable maquinaria de guerra y de construcción, formada por bravísimos
estrategas y guerreros, al mismo tiempo creativos arquitectos y eficientes ingenieros, tuvo su origen
en los primitivos ciudadanos armados de la monarquía y república temprana, los patricios o padres
de familia, quienes designaban al hijo varón que sería soldado, a quién otorgaban las armas, el
mantenimiento y la paga. Posteriormente, ingresaron los hijos mayores de los plebeyos en la
organización militar, logrando que dos cónsules comandaran las legiones: uno patricio y uno
plebeyo. Cada tribu o poblado romano contribuía con mil hombres y era comandada por un tribunes
militum o tribuno de los soldados o jefe de la tribu. Aquí se habría originado la palabra latina miles
o soldado, de donde deriva el término milicia o militar para toda actividad castrense (Pryor &
Forero, 2016). Los militares romanos fueron los reales y efectivos constructores de las amplias vías
de comunicación del Imperio romano, de su ostensible expansión y de la grandeza de su impronta
en la historia de occidente.
La tercera civilización es la aportada por el admirable Imperio Inca de las Cuatro
Regiones o Tawantinsuyo (siglos X- XV) que, con su centro en el Cusco, tenía en el Qhapaq Ñam,
Gran Camino o Camino Principal, de más de 35 000 km de extensión, la red troncal de un complejo
sistema vial de caminos preincaicos e incaicos, desde la costa, al nivel de mar, hasta las más altas
cordilleras andinas, que comunicó, conectó, unificó e integró la administración social, política,
económica, cultural, religiosa del Imperio. Esta sirvió, especialmente, para la aplicación de una
inteligente estrategia política y militar para el efectivo y real control de la comunicación en un
vastísimo territorio que abarcaba seis países actuales: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina
y Chile. Por estas vías del Qhapaq Ñam transitaban los numerosos ejércitos del Inca expandiendo
el poder y la presencia del gobernante; pero también viajaban los mitmas o poblaciones trasladadas
de una región a otra para ejercer el control, territorial, social, político y cultural de los nuevos
territorios o espacios conquistados. Todas estas poblaciones estaban comunicadas de manera
continua, rápida y efectiva por los miles de chasquis o mensajeros, emisarios del Inca, verdaderos
soldados atletas, celosos vigías móviles, espías e informantes, quienes podían recorrer 180
kilómetros diarios, sin ninguna exageración, creando la comunicación del espacio, disminuyendo la
separación temporal y manteniendo perfectamente informado al gobernante del Imperio, de todo
aquello que sucedía en los lugares más alejados como el Valle del Cauca, río Acomayo o Patía,
Pasto o Pastos, Quito, Guancavilcas, Chiriguanes, Cochabamba, Charcas, Coquimbo, Arauco,
Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy y el noroeste de Mendoza (Kaulicke, 2004; Valdano, 2011;
Moralejo, 2012; Rucabado, 2014; Niño y Morillo, 2015; Mignone, 2021; Real Academia Española,
2024).
Los historiadores Martín de Murúa (1590/1614), en Historia General del Perú, (Caps.
XXXII, XXXV, XXXVII, XXXIX, XL, XLIV - LIII,…) y Felipe Guamán Poma de Ayala (1615),
en Nueva Crónica y Buen Gobierno (pp. 212-215), coinciden en afirmar el gran valor del servicio
prestado por los chasquis, a quienes denominan cuerpos productivos o fuerzas productivas que
cumplen el necesario rol del ojo vigilante del inca; puesto que por su intermedio viajaba la comuni-

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cación oficial que fundamentaba y fortalecía la estabilidad, la expansión y el control territorial,
social, político, económico y militar en el Imperio. Los chasquis eran hijos de los principales del
Imperio, escogidos por su especial complexión física, gozaban de un particular prestigio, vestían
prendas coloridas que lo distinguían, como un tocado vistoso de plumas en la cabeza, llevaban
terciada una bolsa amplia y resistente, un silbato o pututo o Uayllaquipa y dos armas, chambi o
champi y huaraca (Chamussy, 2014). Por su trabajo eran bien pagados por el mismo Inca, eran
alimentados en los tambos de la exclusiva despensa real y tenían la preferencia en el tránsito por
todas las vías del Qhapaq Ñam o Camino Real. Así, chasqui y camino real están íntimamente
unidos, no solo por funciones identitarias y comunicativas; sino también por razones religiosas,
administrativas, económicas, políticas, estratégicas y militares. Los caminos son el espacio móvil
y estaban construidos para el buen funcionamiento del gobierno y ayudaban en la comunicación, el
orden, la disciplina y el control. Con ello, se demuestra la efectiva organización del Imperio y su
capacidad de comando político autónomo (Julien, 2002; Kaulicke, 2004; Valdano, 2011, 57-60;
Mattos, 2015; Vitry, 2015; Gutiérrez Cruz, 2017).
3.- Visión filosófica de la comunicación
Para el psiquiatra y filósofo alemán Karl Jaspers (1883-1969), la comunicación tiene un
sentido de perenne gestación existencial o continua mayéutica comunicativa, porque la esencia y la
existencia del ser humano se manifiesta y realiza a través de la comunicación, y la existencia plena
solo es posible en la medida que la persona se asume a sí misma de manera consciente, supera su
aislamiento y tiende a la apertura hacia a sus interlocutores. Además, porque concurren en ella
formas de fe y razón que son irreductibles a una única perspectiva o dimensión, y que al encontrarse
se autocomprehenden como posibilidades ilimitadas de realización y manifestación (Portuondo,
2012). De ahí, que Karl Jaspers (1958), afirme:
La verdad esencial concerniente al ser brota sólo en la comunicación a la que está ligada.
La verdad filosófica es una función de comunicación conmigo mismo y con el otro. Es la
verdad con la cual vivo y que no solamente pienso; la que realizo convencido y que no
solamente conozco; de la cual yo me vuelvo a convencer al realizarla, y no solamente por
virtud de las posibilidades del pensamiento. Es la convicción y conciencia de la
solidaridad en la comunicación, que ella produce y desarrolla. Así, pues, la verdadera
filosofía únicamente puede tener existencia empírica en comunidad (p. 517).
Según la abogada y filósofa colombiana Gladys L. Portuondo (2015), para Jaspers la
comunicación humana como comunicación existencial, puede adoptar múltiples formas debido a la
personal condición, al punto de vista de los interlocutores y por la capacidad de provocar, de forma
radical y profunda, el autoexamen crítico en todos los dialogantes. Por ello, en el auténtico proceso
comunicativo humano se exige siempre una esencia originariamente ética de las personas que se
comunican, porque obliga a realizar la tarea de acoger racionalmente al interlocutor, en la medida
en que es recíproco el respeto a la identidad y a la libertad. Así pues, para Jaspers, la comunicación
humana posee un requisito ético-existencial, porque desde el pensamiento filosófico responde a
una continua exigencia de clarificar el orden ético que debe orientar la realización existencial de los
seres humanos frente a la veracidad, a la lealtad y a la libertad.
El ser humano llega a ser el mismo solamente junto a otros seres humanos, en sentido
recíproco y solidario, nunca a través del solipsista y solitario conocimiento de sí mismo. El ser
humano llega a hacerse realmente hombre con la ayuda de los demás seres humanos, por ello,
queda descartada la idea individualista del self made man, como aquel hombre que se hace solo y
a sí mismo, porque dicho hombre no existe. Llegamos a la mejor versión de nosotros mismos en el

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mismo grado y medida en que los otros seres humanos también lo consiguen. Recordemos, siempre
nos preceden nuestros mayores y su influencia benéfica. Entre los seres humanos se cumple la ley
de los vasos comunicantes: la bondad es como la luz, difusiva de sí misma, porque siempre se
irradia sobre los demás, los ilumina e influye de forma positiva. La comunicación existencial entre
los seres humanos siempre se establece y crece al nivel más profundo, desde nuestras raíces
esenciales, desde aquellas en dónde nos originamos, nos nutrimos y nos unimos primordialmente.
Así, para Joseph de Tonquedec (citado por Marrero, 2015), el yo propiamente dicho, en su esencia
más íntima, se crea, se hace verdaderamente el mismo en la comunicación con el tú, con el otro, con
los otros: “El otro es necesario, imprescindible. Yo no soy sin ‘otro’ y el ‘otro’ no es sin mi” (p.
163).
Por ello, llegamos a gozar de la libertad solamente en la medida en que los otros también
llegan a ser libres. Por esta razón, para Jaspers, en el problema primordial de la comunicación entre
los seres humanos, primero es la cuestión vital-práctica-existencial de nuestra propia vida, y solo
después es la cuestión pensada o reflexionada, fundamentalmente desde la actitud y actividad
filosófica. Finalmente, todos los pensamientos podrían ser juzgados por esta cuestión básica, si
ellos ayudan o interfieren con la auténtica comunicación vital. De igual manera, la verdad en sí
misma podría ser medida a través de esta norma: la verdad en la comunicación es lo que nos une
realmente, y bajo esta exigencia, se debe y puede medir el tipo de verdad, por la verdad de la unión
que se hace posible a través de la comunicación real, efectiva y afectiva entre los seres humanos
(Portuondo, 2012).
En sentido contrario y de manera desafiante, para Jaspers, el ser humano también se
identifica, se define, toma consciencia de sí mismo y se reconoce enfrentando las “situaciones
límite”, las “crisis existenciales”; porque los seres humanos no se conciben a sí mismos, como seres
abstractos o separados del mundo en el que viven, como seres alejados o ajenos al tiempo y al
espacio, como seres ahistóricos, sino que están anclados siempre en el aquí y el ahora, en una
comunidad concreta y estableciendo relaciones intersubjetivas, participativas y personales. Somos
seres condicionados por la finitud y la contingencia, situados y sitiados por la experiencia de la
limitación, del error, del dolor, del sufrimiento, de la culpa y de la muerte; realidades que no pueden
ignorarse, evitarse o negarse, sino que plantean un verdadero reto y un permanente desafío a las
formas de asumir nuestra propia realidad y hacernos cargo responsablemente de nuestra condición
humana, asumiendo la propia lucha existencial para mantener nuestro espacio vital como sociedad
y comunidad, para asegurar nuestra subsistencia y para garantizar el desarrollo de la nación que nos
une y nos cobija. Así pues, nuestra existencia humana es intrínsecamente polémica y agónica
(Gefael Alsina, 2005; Romeu, 2018).
Asumiendo la definición de la filosofía como comunicación vital y del filosofar como un
acto de intensa comunicación, se confirma que la filosofía sea la sabiduría (sophía) acogida y
recreada en el amor que la atrae (philos). La sabiduría por su propia esencia es, de suyo y por sí
misma, comunicación intensa y densa de la verdad profunda, amplia y armoniosa de la realidad
total. La sabiduría está unida de manera íntima e íntegra a la educación en la excelencia (paideia).
Por eso, aunque la sabiduría es aristocrática en su gestación original y creación personal, al mismo
tiempo es democrática en su propagación vital y en su comunicación existencial (López, 2013).
Ahora bien, si queremos ser responsables de la auténtica y necesaria integración de toda la pobla-
ción de nuestro país, deberemos respetar las diferencias culturales locales y asumir como necesaria
un estilo comunicativo existencial, armonizando lo racional y lo emocional, lo inteligible y lo
sensible, en él y con él, asumir la lucha honesta por defender, proteger y desplegar nuestra propia
vida, como sociedad democrática, y al mismo tiempo, tener la actitud noble y digna de aceptar la
condición de ser los únicos protagonistas de nuestra propia historia personal, social y comunitaria,